Los primeros vestigios de Roa (Burgos) datan de dos mil quinientos años antes de Cristo, en la Edad de Cobre, pasando a formar parte del Soto de Medinilla en la Edad de Hierro, siendo los Celtíberos (a140ac) los que crearon la “Roa Vaccea” formando una ciudad con edificaciones de adobe. Luego los romanos convirtieron a Roa en un lugar de paso de las Vías Romanas y tras la invasión musulmana fue entregada la comarca a los bereberes, huyendo en el año 740 tras una grave sequía. En el año 912 el Rey García I repobló la zona y Roa volvió a cobrar protagonismo siendo cabeza de puente en la frontera castellana del Duero. En el año 1085 Alfonso VI conquista Toledo y el Duero deja de ser frontera, de esta forma se comenzó una nueva repoblación. En el siglo XI la comarca de Roa se ve considerada como “Fuero de Roa” por el Rey Alfonso VII. Ya era en aquel momento reconocida la zona por su vendima y pastoreo, algo que siguió hasta nuestros días como sinónimo de la localidad, y en los siglos XV y XVI Roa alcanza su máximo esplendor con las estancias ocasionales de la Corte que aprovechaba el amurallamiento del pueblo como defensa. En 1465 el Rey Enrique IV concede a Roa licencia para organizar un mercado los martes, algo que aún hoy se mantiene. Hoy en día Roa es una próspera villa de 2.500 habitantes, ubicada en el corazón de la cuenca del río Duero. Está enclavada en un cerro de 820m de altitud, que junto al Duero, ha determinado su historia siendo elegida por reyes, nobles y otras personalidades en numerosas ocasiones, algo que la ha convertido en testigo presencial de importantes momentos de la historia de España. La Villa de Roa es, además, sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen de la Ribera del Duero desde 1991, ya que se encuentra en el punto neurálgico del desarrollo de esta actividad vitivinícola que tanto reconocimiento ha logrado para esta zona. Actualmente la Sede se encuentra en fase de ampliación para mejorar la atención y prestación de sus servicios. Sus fiestas taurinas en honor a Ntra. Señora de la Asunción y San Roque, sus romerías a la Virgen de la Vega, su patrona, su fiesta de La Matanza y su solemne Semana Santa, entre otros, son una invitación a la convivencia amical entre vecinos y forasteros.

Además cuenta con una gastronomía de gran calidad, cuna de maestros asadores avalados por una gran trayectoria profesional y de reconocido talento en el sector.